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Estos son los principios políticos básicos que se espera que los miembros de nuestra organización y sus simpatizantes defiendan:

1. El capitalismo es un sistema social mundial que se basa en la explotación de la gran mayoría de la población violentamente excluida de todo control sobra la tierra, los recursos naturales, y la maquinaria productiva. Es la causa de todas las guerras, la degradación ambiental, la pobreza y la miseria en la actualidad. Este sistema no se puede cambiar a través de reformas graduales, sino que debe ser abolido. En su lugar debe surgir una comunidad global que interconecte a toda la humanidad, sin estados, fronteras, dinero, ni clases, en la cual la administración de la vida económica y social sea el trabajo colectivo de todos y el consumo individual se base en la necesidad.

2. El bienestar de la clase obrera – una categoría social que incluye a todos aquellos que subsisten a través de la venta de su fuerza de trabajo y todos los demás que residen dentro del hogar que también dependen del paquete salarial – entra en conflicto con la reproducción y la acumulación de capital, la cual se basa en su explotación y empobrecimiento. La lucha de la clase obrera contra la explotación capitalista lleva dentro de sí misma la emancipación de toda la especie humana de todas las demás formas de opresión.

3. ¡La clase obrera no tiene patria! Todos los trabajadores del mundo forman una sola clase explotada, en un conflicto mortal con los capitalistas, cuyo poder está fracturado en numerosos estados. Por esta razón, ofrecemos nuestro incondicional apoyo material y simbólico a los inmigrantes indocumentados y todos los otros exiliados y refugiados de la clase obrera. Todas las guerras, además de la intransigente lucha de clases entre los trabajadores y el capital, son orgías imperialistas: la clase obrera no tiene interés alguno en ninguna de las guerras entre las diferentes facciones de la clase explotadora para mantener o avanzar sus posiciones dentro del capitalismo mundial. El patriotismo y el racismo son sólo herramientas de los capitalistas para dividir y manipular a los obreros. Los obreros deben rechazar cualquier llamada a luchar por la patria, ya que esto sólo puede significar masacrarse unos a los otros para el beneficio de sus explotadores.

4. La clase obrera no tiene ninguna causa en común con sus explotadores. Cualquier maniobra política que le pida a los obreros unirse con los capitalistas, aunque sea temporalmente, solo puede servir para desviar el objetivo de los obreros de abolir el capitalismo y subordinar sus intereses a los de sus explotadores.

5. Los sindicatos, independientemente de su estructura interna, no son organizaciones obreras, sino órganos del Estado capitalista que sofocan y contienen la resistencia de la clase obrera contra el sistema de explotación a través de la negociación y cumplimiento de los contratos con el capital. En el transcurso de la lucha, los trabajadores deben destruir los sindicatos y formar sus propias organizaciones de masas y unitarias para dirigir y llevar a cabo su lucha contra el capitalismo.

6. El objetivo central de la lucha de los obreros contra el capital es la conquista del poder político para transformar radicalmente las relaciones sociales de producción. Esto no quiere decir presentar candidatos a cargos públicos o montar un golpe militar para derrocar al estado existente, sino el desplazamiento violento del aparato administrativo del Estado capitalista y el gobierno de toda la clase trabajadora a través de las mismas organizaciones creadas en el transcurso de la lucha de clases.

7. Todo proceso electoral – del tipo legitimado por las “democracias” – es una farsa. El poder político es fundamentalmente una cuestión de violencia, no de votos. El ritual masivo de auto-ilusión que forma parte de la política electoral actúa como una canal seguro en el cual las reclamaciones de la clase explotada se pueden redirigir inofensivamente. La participación en las elecciones ayuda a mantener el dominio psicológico de los capitalistas sobre la clase obrera, mediante la resucitación de la gran mentira de que los obreros tienen alguna voz dentro de este sistema. Implorarle patéticamente a los explotadores y confiar en una pequeña minoría para luchar todas sus batallas no produce independencia y asertividad en la clase obrera, solo debilidad y sumisión.

8. Para poder unir a los trabajadores y formar el frente de clase contra el capitalismo es fundamental confrontar todas las otras formas de opresión, tal como el racismo, el capacitismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia, etc., que, después de todo, le pesan más a la clase obrera. No obstante, reconocemos que los movimientos sociales organizados en torno a estas cuestiones, en el mayor de los casos, tienden a ser limitados en su enfoque y suprimir, en lugar de exponer, los conflictos de clase; en el peor de los casos, estos movimientos tratan de integrar a las poblaciones marginadas en la sociedad capitalista. Los militantes de la clase obrera que están activos dentro de estos movimientos deben tratar de sanar las divisiones dentro de la propia clase obrera y forzar una ruptura entre los capitalistas y sus colaboradores, por una parte, y los obreros, por la otra.

9. La ofensiva intransigente de los obreros contra su enemigo de clase encuentra su expresión más pura en la solidaridad de los miembros colectivos de esta clase y de las acciones masivas que ellos llevan a cabo en confrontación directa con sus explotadores. El terrorismo y similares tácticas, tal como la guerra de guerrillas y los golpes de estado por grupos paramilitares, o cualquier variante de esto, se han empleado históricamente por diversas facciones de la clase explotadora para consolidar el poder o tomarlo de otra facción del mismo grupo, pero son completamente ajenas a la clase obrera, cuya fuerza mayor reside en sus números y su capacidad para organizarse como clase.

10. Como quiera que hayan justificado su existencia, los regímenes brutales en los países de la Unión Soviética y del bloque Oriental, en China, Corea del Norte, Cuba, y otros, no eran sistemas en los que la clase obrera gobernaba. Tampoco eran sociedades en las que se transcendió el dominio de clase. Por lo contrario, estas fueron sociedades de clases especialmente crueles y represivas dentro de las que los burócratas en los distintos niveles – los administradores de empresas, los élites militares y del partido, y otros dentro del Estado – se apropiaron del producto social, dejando a los trabajadores con lo mínimo para subsistir a través de salarios y raciones, mientras que ellos vendían el gran resto en el mercado mundial, nada diferente a la forma en que las grandes corporaciones transnacionales y los gobiernos que dirigen las industrias principales en otros países conducen sus negocios en la actualidad. Desde el punto de vista de los obreros, estos parásitos en la burocracia no son muy diferentes de los capitalistas en los países democráticos-liberales, y en ambos casos los resultados de la lucha de clases serán los mismos: sus fábricas y tierras serán confiscadas, sus privilegios y prebendas revocados, su sistema político totalmente desmantelado, etc.